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Felicidad.

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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Pedro Zerolo
  • PEDRO ZEROLO

    21/03/2008

 

Felicidad

Hay quien define la felicidad como un estado de ánimo vinculado a la serenidad, impermeable a las olas de euforia y depresión. Desde ese punto de vista, puede afirmarse que los resultados que manifestaron las urnas el pasado 9-M generaron felicidad en la mayoría de la ciudadanía española.

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Una felicidad responsable, muy consciente de que la derecha no ha dudado en recurrir al miedo, al catastrofismo o la xenofobia para obtener de ello rentabilidad política. Una felicidad atenta, que continúa a la espera de un Partido Popular capaz de asumir valores democráticos tan básicos como la igualdad entre mujeres y hombres, la no discriminación por razones de orientación o identidad sexual, el principio de libertad de conciencia o el de laicidad del Estado. Una felicidad valiente porque en política el secreto de la valentía está en la generosidad, en la capacidad de asumir causas comunes, de superar el enfrentamiento y promover el entendimiento mutuo, tras una legislatura que el PP plagó de insultos, mentiras, profecías del desastre o intentos impúdicos de dividirnos utilizando asuntos tan sensibles como la política antiterrorista.

La felicidad es, además, hija de la memoria, y no hay ninguna generación viva que recuerde un tiempo mejor en nuestro país. Treinta años de libertad es el mayor periodo que jamás hayamos disfrutado de paz, democracia y prosperidad. La felicidad es también hermana del compromiso y, en lo público, el compromiso debe estar en el diálogo, la igualdad y el respeto mutuo, única garantía para la convivencia. Ahí está pues el compromiso y la mejor manera de trabajar por él, es siempre desde la serenidad. Y es que la serenidad no sólo es una forma de felicidad, sino el mejor antídoto contra la depresión.

Curiosamente el PP, que centró toda su estrategia electoral en sembrar dudas, en intentar deprimir a los votantes progresistas para que no fuesen a votar, ha acabado profundamente deprimido. Pero ese es su problema. Mientras, me sumo a quienes como forma de avance y cohesión social defendemos los valores republicanos, la alegría y la serenidad.

Pedro Zerolo es concejal en el Ayuntamiento de Madrid y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE.

Nueva etapa de Gobierno: Alonso, el amigo tranquilo del Presidente.

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ANA PARDO DE VERA - 20/03/2008 22:20
Cuando José Bono salió del Ministerio de Defensa, en 2006, él entró por la puerta grande de la cuarta planta de Castellana 109 y le cogió el relevo del mando de los tres ejércitos. Hoy todo parece indicar que José Antonio Alonso (1960) y Bono entrarán juntos en el Congreso de los Diputados para ocupar, respectivamente, la portavocía del grupo parlamentario socialista y la presidencia de las Cortes. Su relación, simplemente cordial, está desde ya en el punto de mira. Sólo hay que recordar cómo llevó cada uno su mitad de legislatura al frente de Defensa. La austeridad del de León frente a la grandilocuencia del de Albacete.

Pero no hay que confundir: José Antonio, Toño, Alonso, es, efectivamente, tranquilo, discreto y poco amigo de invadir los medios, pero en sus apariciones públicas es resultón, cercano, buen orador, convincente y, en consecuencia, uno de los ministros mejor valorados del primer Gabinete de su amigo Zapatero. El presidente, entonces líder de la oposición, demostró con el tiempo que no se equivocaba cuando apostó por él en las Navidades de 2003 y le llamó para pedirle que encabezase la lista de León de un PSOE todavía en la oposición.

El magistrado Alonso, desde su puesto de portavoz de Jueces para la Democracia, se debatió entre este mundo y el de la política, que le atraía irremediablemente pero que conllevaba un cambio radical de vida para su joven familia, con un niño de meses. Sin embargo, el animal político venció y el hoy ministro de Defensa en funciones no defraudó a su amigo de juventud. Los resultados de las últimas elecciones lo confirman, con un PSOE que recauda votos en la provincia de León de forma imparable y un PP que se estrella perdiendo casi diez mil desde 2004.

Alonso intuía que, si ganaba el PSOE -fue de los grandes convencidos del éxito del efecto ZP-, con el acta de diputado vendría un ministerio. No se equivocó y Zapatero lo puso en Interior durante dos años. Allí elevó su discreción a la máxima potencia hasta que se fue a Defensa, en donde entró con reservas pero fue soltándose y revelándose como uno de los miembros más eficaces y mejor comunicadores del Consejo de Ministros. Su ascendiente sobre el presidente es, además, mayor de lo que se cree.