El PP trata de ocultar fuertes tensiones entre la Esperanza Aguirre y los barones regionales.

2-espe.jpgPOLÍTICA

El PP trata de ocultar fuertes tensiones entre la lideresa y los barones regionales

“Esperanza no tiene más apoyo que el de Madrid y su propia organización”

MARCOS PARADINAS

Un artículo publicado este domingo por el diario El País añade una serie de claves adicionales a las ya existentes para analizar el proceso en que se encuentra el Partido Popular en estos momentos. El reportaje desentraña la confrontación interna que está viviendo el PP tras la derrota electoral. Desde la escena del balncón de Génova, interpretada por algunos como un adiós de Rajoy hasta que éste reaccionó dos días después, la derecha española vivió un vacío de liderazgo ante el que se libró una guerra entre las distintas vertientes regionales. Las fricciones internas llevaron al líder de los populares a calmar las aguas confirmando su intención de volver a presentarse, y a la vista de lo que estaba pasando acertó al decir “que era lo mejor para el Partido Popular”.

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Tres son los factores decisivos que llevaron a los populares hacia la incertidumbre a lo largo del lunes 10 de marzo. Primero, las omnipresentes ambiciones de Esperanza Aguirre por colocarse en la línea de salida ante la hipotética dimisión de Rajoy, o al menos la intención de pintar ella esa línea de salida. Segundo, el rechazo en bloque de los intereses de la lideresa por parte de los barones populares. Por otra parte, la falta de iniciativa de Rajoy para zanjar el tema en el mismo balcón de Génova, dejando que el globo se fuera hinchando solo, al más puro estilo de las ilusiones de Gallardón por entrar en las listas al Congreso.

“Fíjate en Madrid, Mariano”
El reportaje de El País recupera a un Mariano Rajoy convencido de ganar las elecciones que, sin embargo, cuando la victoria socialista ya era evidente, pidió, con mucha calma, que le maquillaran para trasladar a sus fieles, apilados en Génova, la derrota en esta batalla, quizás a sabiendas de que en breve le tocaría librar otra. Enfrente, se nos presenta a una Aguirre, también empeñada en que se la maquillase, pero a la que Mariano nunca sacó al balcón. Horas antes, Aguirre atosigaba a Rajoy, recordándole los buenos resultados que iban a obtener en su feudo: “Fíjate en Madrid, Mariano, ya verás, seguro que llegamos a los diez puntos de diferencia”, le decía la lideresa, exultante ante una victoria segura en la que no había participado Gallardón.

El encierro de Rajoy
La jornada siguiente a las elecciones todo son especulaciones. Mariano Rajoy se recluye en su casa y no sólo no se deja fotografiar, sino que tampoco acude a la reunión del Comité de Dirección, y utiliza de parapeto a un Ángel Acebes que apenas sabe qué contestar a la prensa sobre el futuro inmediato del PP. Mientras, Mariano sigue dejando crecer las hipótesis sobre su sucesión y se deja querer por los dirigentes regionales, que le van llamando para pedirle su permanencia, y a los que no es capaz de contestar otra cosa que “vale, muchas gracias, de acuerdo”.

La campaña de acoso y derribo

La pasividad de Rajoy es respondida por Aguirre, que ya ha empezado a mover ficha, o al menos así lo hacen todos los medios afines a ella. El Mundo, la COPE y Telemadrid empiezan una campaña de acoso y derribo al líder. Especial interés pone la televisión pública que dirige el gobierno de Aguirre. Fernando Sánchez Dragó, director del informativo nocturno Diario de la noche, pide públicamente la dimisión de Rajoy; los informativos de la cadena empiezan a encuestar a los televidentes: “¿Debe seguir Mariano Rajoy al frente del PP?”. A la parafernalia mediática se une el entorno más cercano de la lideresa, y Francisco Granados, hombre de su absoluta confianza, reclama autocrítica por el varapalo electoral en Cataluña, exigencia sencilla tras el éxito de Aguirre en Madrid.

La revolución de los barones
Dos frentes claros se han abierto en el Partido Popular tras la campaña destructiva de estos medios de comunicación, y las llamadas de los barones regionales en apoyo de Rajoy empiezan a sucederse con mayor frecuencia, aunque la llamada de Aguirre no llegará hasta el martes, cuando todo esté ya decantado y sus posibilidades de sucesión cercenadas. Todos los que llaman a Rajoy declaran su deseo de que Esperanza se quede donde está, y poco a poco se va creando un entramado de marianistas a base de apoyos más allá de Madrid. Entre éstos, destacan dos: el de Javier Arenas, líder andaluz, con un gran porcentaje de los compromisarios que deciden en el futuro Congreso y con una inclinación gallardonista de sobra conocida, y la de Francisco Camps, del que también se había hablado como futuro presidenciable, y que cierra filas en torno a Mariano.

“Aguirre sólo tiene Madrid”
Poco a poco la careta mediática va quedando al descubierto y el poder que parecía tener Aguirre no es tal. “Ha quedado en evidencia que Aguirre no tiene más apoyo que el de su propia organización. Se iba a montar un gran lío” confiesa un dirigente popular. Un diputado asegura que “fuera de Madrid el partido tiene mucha fuerza. Y Aguirre sólo tiene Madrid”. El rechazo que sienten las cúpulas regionales es subrayado incluso por los defensores de la presidenta, que aseguran que “la verdad es que el lunes los barones hablaron más en contra de Aguirre que a favor de Rajoy”.

La chulería del martes
El martes, Rajoy no se levanta como presidente del Gobierno, pero sí como vencedor de su batalla contra Aguirre. La maniobra del escondite le ha salido bien y uno de sus allegados afirma que “dejó que todo el mundo se retratara”, y la que salió peor en la foto fue Aguirre, debió de pensar Rajoy. Para ella fueron los toques de atención que se escondían bajo la ironía que suele recubrir las intervenciones de Rajoy, una ironía que en su vuelta al ruedo el martes parecía más cercana a la chulería que a la retranca gallega. El líder popular contraataca a los medios que han intentado tumbarle alegando que el PP es independiente incluso “de algunos que se creen muy influyentes y que se han demostrado que no lo son tanto”, especificando “aunque sea de cadenas públicas”. También vuelve a hacer un guiño a Romanones y al comentario del “¡Joder, qué tropa!” que parafraseó del conde para definir su opinión sobre Aguirre y Gallardón.

Un líder sin poder de decisión
Sea como fuere, Rajoy ha vuelto a dar un golpe sobre la mesa, aunque, de nuevo, lo haya hecho tarde y mal. Aparentemente, ha conseguido cerrar filas en torno a su figura de cara al Congreso de junio, pero a costa de crear un revuelo interno debido a su falta de firmeza para dejar las cosas atadas tras la noche electoral. El fantasma de sus idas y venidas volvió a aparecer el lunes, cuatro años después de su derrota en 2004. Sobre aquella ocasión Rajoy confesó: “Me planteé si era bueno o malo que siguiera al frente del PP. Para aclarar mis dudas hablé con mucha gente.” Manuel Fraga, al que plantó en la vicepresidencia de la Xunta en 1987, le agradeció su decisión “aunque sabemos que el cuerpo te pedía otra cosa”. Parece claro que Rajoy, incapaz de aclararse por sí solo ha tirado de consultas otra vez, cuando se estaba planteando su dimisión, y ha vuelto a ser convencido por sus allegados, esta vez ante el miedo general a que Aguirre tomara el mando. De momento, tiene quien le convenza, aunque un veterano diputado popular avisa: “Cuatro años son muy largos. Si empieza a perder debates del estado de la nación y las encuestas nos van fatal, ya veremos.”

1 Respuesta a “El PP trata de ocultar fuertes tensiones entre la Esperanza Aguirre y los barones regionales.”


  1. 1 vallisoletano Marzo 18, 2008 a las 1:35 pm

    Biografa de Doña Esperanza Aguirre: Doña Virginia Drake
    Biografo de Don Manuel Fraga: Don Manuel Milian Mestre

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