ART. OPINIÓN

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MIGUEL NAVEROS
06/03/2008
Voto por la decencia, voto contra la indecencia
Comprendo que la gente joven dude más del sistema, y por lo tanto de su voto, que nosotros los de mayor edad, lo comprendo y hasta lo comparto, porque tuve esa edad y porque el mundo en que vivimos no es, ni mucho menos, el mejor de los posibles.
Hace un par de semanas estaba con Martín Soler en un bar en el que ya quedaba poca gente y había tres camareros, dos chicos extranjeros (que, por cierto, nos atendieron estupendamente) y una española muy joven y de aspecto alternativo (pelo en cresta, proliferación de pendientes, indumentaria rigurosamente negra) con la que acabamos por intercambiar unas frases. Y aprovechó Martín para pulsar el ambiente:
“¿Vas a votar?”, le preguntó;
“Yo no voto”, respondió ella de inmediato y con tono reflexivo;
“¿Y prefieres a Zapatero o a Rajoy?”, volvió a preguntar Martín;
“¡A Zapatero!”, contestó la chica con la misma inmediatez que antes, pero subiendo el tono, como si le saliese del alma;
“Pues si no votas, igual te encuentras al final con la mala sorpresa de que Rajoy le ha ganado a Zapatero”, le advirtió Martín Soler, y nos fuimos y allí la dejamos tras su barra, pensativa.
Ella sabrá qué hacer el domingo, aunque me da que va a ir a votar.
Comprendo que la gente joven dude más del sistema, y por lo tanto de su voto, que nosotros los de mayor edad, lo comprendo y hasta lo comparto, porque tuve esa edad y porque el mundo en que vivimos no es, ni mucho menos, el mejor de los posibles.
Sin embargo, los llamo con todas mis fuerzas a votar, y más esta vez, en esta especie de referéndum entre la razón y la sinrazón, entre la alegría y la avaricia, entre la decencia y la indecencia, entre el futuro que representan Zapatero y Chaves y el salto atrás que representan el machista Rajoy que ve en las niñas sólo y exclusivamente a futuras mujeres sometidas como las mujeres estuvieron siempre; y el frívolo Arenas que se ríe de los malos chistes contra su propia gente; y el xenófobo Arias Cañete para el que vale más un cortado que el cáncer de mama de una inmigrante; y la clasista Ana Mato que quiere que el andaluz vuelva a ser un rostro bruñido al sol del campo seco esperando que el señorito le dé trabajo o no rodeado de niños analfabetos que sean, al final, la mano de obra barata a la que nuestra derecha siempre destinó a los andaluces.
Pero han pinchado en hueso: si el andaluz siempre supo decir aquello de ‘En mi hambre mando yo’, mucho más fácil es ahora decirles esto de ‘En mi progreso mando yo’.
Miguel Naveros es escritor
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